Vivir en la cuerda floja

Cuando uno decide dar el salto a la vida libertina ha de saber que entra en terreno de arenas movedizas.

Se acabaron los tiempos de la nómina, de los ingresos previsibles, de las pagas extras… Y comienza una nueva era en la que cada euro que entra en nuestra cuenta bancaria tenemos que lucharlo cada día.

La incertidumbre económica era una de las cuestiones que más me retenían para dar el paso de dejar el trabajo. Veníamos de una situación acomodada, con dos buenos sueldos (y muchos gastos), y tomar la decisión de abandonar mi trabajo iba a tener consecuencias directas en la calidad de vida de mi familia, lo que me hacía sentirme insegura acerca del paso que iba a dar.

Recuerdo haber hablado por entonces con mis amigas Pilar Cotter (maravillosa joyera) y Sofía Roca (increíble fotógrafa), experimentadas autónomas, acerca de cómo gestionaban ellas su inestabilidad financiera y me dieron un par de consejos que me han sido muy útiles a lo largo de estos años. Recuerdo a Pilar diciéndome algo que me ha venido a la mente en muchas ocasiones: “Cuando parece que la cuerda te aprieta el cuello y te vas a ahogar, aparece (como si fuera magia) un nuevo trabajo y te salva”. Esto me ha pasado en muchísimas ocasiones. Ver como la cuenta corriente se va precipitando hacia los números rojos y que el teléfono no suena y, de repente cuando estás a punto de tirar la toalla, se abre una nueva puerta y surgen nuevas oportunidades. Ciertamente, no es fácil manejar esta situación. Vivir en un sinvivir no es agradable. Para ello me funciona el segundo consejo, el de Sofía, que me recomendaba (para tranquilidad de la mente y la cuenta corriente) contar con un fondo de reserva de al menos dos meses de sueldo. De esta manera puedes afrontar con más tranquilidad los periodos de menor actividad, que siempre hay en todos los trabajos y, por lo tanto, de menores (o nulos) ingresos.

Si pudiera volver atrás, habría hecho algunas cosas de distinta manera. Y no hablo de arrepentimiento por haber dejado la zona de confort y la nómina, sino de haberme preparado mejor para afrontar la nueva etapa a nivel financiero.

En primer lugar habría ahorrado durante más tiempo para tener un amplio colchón que me permitiera afrontar con tranquilidad la nueva etapa. Y en segundo lugar, e incluso más importante, habría hecho ajustes en mis gastos desde el primer momento. ¡No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita! Y reajustar tus necesidades te hace más rico de inmediato.

Yo cometí el error de mantener durante los dos primeros años de vida autónoma toda la estructura de gastos igual que cuando teníamos dos nóminas y mis ahorros se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos. No quería perjudicar con mi decisión a la persona que trabajaba en casa, así que dejamos todo tal cual estaba. Así que cuando inicié el tercer año ya no había red de seguridad y esto me provocó mucha ansiedad.

La libertad tiene un precio y este es elevado. Hay que hacer muchas renuncias, pero también te das cuenta de lo fácil que se nos iba el dinero en cosas insustanciales cuando fluía regularmente y lo poco que nos preocupabamos por saber en qué lo gastabamos. El dinero se nos escapaba por las rendijas (ir a comer demasiado fuera, compras impulsivas, contratos no revisados…). La nueva situación nos obligó a revisar con lupa nuestros gastos y a quitar todos aquellos que no eran necesarios. Por el camino tuvimos que acometer algún que otro sacrificio que resultó muy doloroso, como alquilar nuestra casita de la playa (que ahora disfruta una mujer estupenda).

Ahora valoro cada euro que gano y me pienso en qué gastarlo. En mi armario entra sólo lo que necesito, pero seguimos disfrutando de todo lo que nos hace felices: buena comida, algún viaje, cultura… Te das cuenta de que las mejores cosas de la vida son gratis y disfrutamos mucho más nuestra casa y de los sencillos placeres de la vida, como tomarte una cerveza viendo el mar o dormir una siesta mecida en mi hamaca.

Además hay que aprender a administrarse, ya que el dinero no llega en cantidades iguales cada mes. Un mes puedes facturar muy poco y al mes siguiente superas tus expectativas y te dan ganas de gastártelo todo en un viaje, pero las facturas siguen llegando regularmente cada mes y tenemos la mala costumbre de comer a diario… así que hay que convertirse en una hormiguita y guardar para los meses flojos.

La libertad es cara, pero la incertidumbre es un precio que estoy dispuesta a pagar por ser dueña y señora de mi tiempo. Es cuestión de prioridades.

Seguro que con el tiempo aprendo a caminar con soltura por la cuerda floja

¿Sabes gestionar la incertidumbre económica? ¿Cómo te organizas? ¿Podrías vivir sin un sueldo fijo?

¡Me encantaría que compartieras tu experiencia para que sigamos aprendiendo juntos!Gracias por haber llegado hasta aquí. Si te ha gusta este post, regálame un me gusta y si deseas seguir recibiendo mis publicaciones, subscríbete a mi lista y así no te perderás ninguna de mis novedades. ¡Prometo traer siempre un poco de inspiración y luz a tu buzón!

9 comentarios sobre “Vivir en la cuerda floja

  1. Sé lo que es y el único consejo válido que te puedo dar de todos estos años de cuerda floja es que limites los gastos, no tanto los de tu hogar o placeres pero si los de tu actividad . Por otro lado hay muchos días complicados pero yo no volvería atrás aunque esto implica muchas veces el preguntarte cómo seguir o el trabajar más horas que muchos . Suerte y sin miedo .

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  2. Muy buen articulo Patricia. Y si alguna vez me lanzo…que creo no lo hare….tendre en cuenta tus consejos. Por contra no tener la libertad en el trabajo y estar en multinacionsl tambien cansa como te lo he contado mil veces. Mucha suerte!!!

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    1. Laura,ya sabes que no se trata de que todos dejemos el trabajo y nos lancemos a la aventura. Se trata de que disfrutemos más con lo que hacemos. Y una multinacional te ofrece un montón de oportunidades internas que puedes explorar para buscar el puesto donde encajas mejor, pero, sobre todo, somos nosotros mismos los que podemos cambiar lo que no nos guste con un cambio en nuestra actitud, quitando el foco en aquello que no nos hace felices y tratando de enfocarnos en todo lo bueno que tenemos.
      Ya seguiremos arreglando el mundo en un paseo por Famara! Besos!!!

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  3. Me ha venido como anillo al dedo 😉 Ya sabes que estoy en el punto de partida pero pienso en grande, salvo en los gastos y desde que lo hago así, soy mucho más feliz porque pongo el foco en lo que de verdad importa. Gracias 🤗

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