Buscando el Norte: Cantabria (3)

Viene de Buscando del Norte: Cantabria (3)

Día 4: Bárcena Mayor, Comillas, Altamira y

Santillana del Mar

Comenzamos el día con ganas de explorar la zona y utilizar las botas de caminar que hemos traído. Después de un contundente desayuno en el hotel, nos dirigimos hacia la oficina de información del Parque Natural Saja Besaya. En la web de Naturea Cantabria hemos visto que organizan múltiples actividades, para todos los niveles, en la naturaleza en los espacios naturales de la Comunidad y hoy hay una ruta gratuita por un robledal de la zona. La carretera es preciosa, con muchos claroscuros por la tupida vegetación. Cuando llegamos nos damos cuenta de que nos hemos equivocado. El punto de encuentro era directamente en la zona del robledal y no nos da tiempo de llegar así que, chafados, decidimos aprovechar para visitar de nuevo el pueblo de Bárcena Mayor, ya que hoy el día está precioso con un cielo azul intenso.

En el aparcamiento encontramos una pequeña oficina de información en la que nos dan un plano para recorrer el pueblo y unas rutas para caminar por los alrededores. Paseamos el pueblo, que hoy con sol luce aún más bonito, y cruzamos el puente del río para dar un paseo hacia una ermita. Vamos con mucha pachorra disfrutando del camino, sacando fotos, parándonos a saludar a unos perros que encontramos en una casa (que son lo que más le gusta a mi hija del paseo y bautizó a uno como Fugitivo), observando a una familia de caballos con un potrillo, disfrutando de cada paso, sin prisas, hasta que llegamos a la pequeña ermita. Allí paramos a disfrutar un poco del silencio y volvemos relajados y felices.

Puente de Bárcena Mayor
La ermita de Bárcena Mayor

Para comer hoy decidimos probar uno de los restaurantes de este pequeño pueblo, en donde anuncian que tienen el mejor cocido montañés. Allá vamos a catarlo. Está bueno, pero nos parece que el primero que probamos en Puente Viesgo estaba mucho más rico. El restaurante se llena con una marabunta llegada en autobús desde el País Vasco y nosotros salimos despavoridos, huyendo de las multitudes.

Nos vamos al hotel a reposar el cocido y a prepararnos para pasar la tarde en Comillas, Altamira y Santillana del Mar.

Después de la siesta nos dirigimos a Comillas. No tenemos mucho tiempo ya que hemos sacado las entradas para el Museo de Altamira a las 18:30 y tenemos sólo una horita para dar una vuelta por Comillas, así que nos montamos, como guiris que somos, en el trenecito turístico. Por 2,5€ por cabeza nos dan una vueltuca de veinte minutos por los monumentos más representativos de la Villa de los Arzobispos, que guarda muchas joyas del modernismo, como el Palacio de Sobrellano o la Universidad Pontificia de Comillas. El artífice de todo este desarrollo arquitectónico fue Antonio López y López, indiano emigrante a Cuba y Marqués de Comillas, que dio un gran impulso a su villa natal y la convirtió en lugar de veraneo de Reyes y Nobles a finales del XIX. Comillas es como una bombonera llena de edificios increíbles. Frente al Monumento al Marqués de Comillas, cerca del Cementerio, encontramos la Casa del Duque de Almodóvar del Río, una mansión victoriana sacada de una película de terror. El recorrido ha valido la pena. Apuramos los últimos minutos que nos quedan para entrar en el parque de Sobrellano y pasar cerca de El Capricho de Gaudí, una obra de estilo neo mudéjar-modernista de la primera etapa del genial arquitecto catalán, repleta de girasoles. Dejamos en la lista de cosas por hacer para cuando volvamos, entrar en el Palacio, el Panteón y El Capricho de Gaudí, y nos vamos hacia el coche para dirigirnos a Altamira.

Esta es una de esas visitas que me hacía ilusión desde siempre. Me despertaba mucho la curiosidad ver esta cueva, que fue el primer lugar del mundo en el que se identificó el Arte Rupestre del Paleolítico superior. Lamentablemente, ya sólo cinco personas, elegidas entre los visitantes de los viernes, en horario de 9:30 a 10:30, pueden acceder a la cueva original, que fue cerrada hace años por el deterioro que estaban sufriendo las pinturas, pero en 2001 se creó la neocueva, una recreación en la que se reproducen el espacio y las pinturas de la cueva original.

La neocueva está dentro del Museo y centro de investigación de Altamira, en el que se pueden visitar varias exposiciones permanentes y temporales y realizar actividades. Nosotros estuvimos viendo la exposición permanente Los tiempos de Altamira, en la que se puede ver la evolución del ser humano, sus condiciones medioambientales y las condiciones de vida que tenían en Altamira hace 15.000 años, y la verdad es que quedamos muy sorprendidos de los evolucionados que estaban. Comparados con nuestros guanches, las gentes de Altamira estaban a años luz. ¡Eran más espabilados! Mi hija disfrutó mucho leyendo todos los paneles y viendo los objetos y los videos explicativos.

En seguida nos tocó el turno para entrar a la neocueva, y nos quedamos con las ganas de seguir viendo la exposición. La visita a la neocueva se hace en grupos pequeños acompañados por un guía, que explica muy bien todo. Te puedes hacer una idea de la dimensión de la cueva, con su entrada de luz, junto a la que realizaban su vida cotidiana, y adentrarte en la parte más profunda y oscura, donde se encuentran las pinturas. Impresionan mucho los colores, los contornos, como algunas figuras representan el movimiento… Me hubiera gustado que hubiera habido más silencio en el interior del espacio. Nos juntamos con un grupo de niños y había bastante ruido, lo que te saca de la explicación. Al salir quisimos seguir viendo la exposición, pero ya estaban cerrando el museo, así que nos quedamos con las ganas. Moraleja: este museo requiere más tiempo, así que no hay que apurar tanto.

Pinturas rupestres en la neocueva de Altamira
Pinturas rupestres en la neocueva de Altamira

Terminamos el día en Santillana del Mar, otro de los pueblos más bonitos de España. Un conjunto histórico monumental impresionante, pero ya nuestra hija está cansada del día y damos sólo una vuelta hasta la Colegiata de Santa Juliana, la muestra románica más importante de la región. Una edificación impresionante, en la que destaca el claustro. Sólo pasear por la calle principal ya es una maravilla. Una de las cosas que me habían recomendado que hiciera en Santillana del Mar, la villa de las tres mentiras, porque no es ni santa, ni llana ni tiene mar, es tomarme un sobao pasiego con un vaso de leche fresca, pero vamos pensando ya en cenar y se nos pasa la merienda. Sin duda Santillana del Mar requiere de un paseo más detenido para apreciar sus joyas, pero nosotros andamos de visita de inspección y vamos dejando muchas cosas por hacer para tener múltiples excusas para volver, así que, sin remordimientos, nos disponemos a comernos una riquísima pizza en Bitina, en la Plaza del Rey, y ponemos punto y final al día.

Día 5: Carmona, Potes, Picos de Europa y Mogrovejo

Hoy toca dejar con pena nuestro hotelito con mucho encanto, Camino Real de Selores, en el que hemos estado tan a gusto, y encaminarnos hacia los Picos de Europa.

Pero yo quiero hacer una parada en el camino. A través de instagram llevo tiempo siguiendo a La Infinita Rural Boutique, y no puedo estar tan cerca de ellos y no pasarme a conocerles en persona. El hotelito, de solo 4 habitaciones, está en el pueblo de Carmona, a sólo veinte minutos de nuestro hotel y de camino hacia los Picos de Europa, así que no hay excusas.

Emprendemos camino. La carretera es preciosa. Llegamos a un mirador donde podemos ver Carmona y San Pedro, una vista de postal. Ya estoy nerviosa por conocerlo. Yo, que tengo radar para los lugares con alma, sé, sin haber estado aún allí, que este es uno de ellos. Aparcamos en el pueblo y caminamos un poco, observando las calles empedradas y las casonas de piedra con geranios de colores y blasones en sus fachadas. En un soportal hay un paisano trabajando la madera. Me planto allí y le doy conversación. Al principio no me da mucho pie pero al final nos cuenta un poco de su vida, y de como cuando él era niño había ochenta niños en el pueblo y ahora sólo dos. La realidad de tantos pueblos de España. Él está jubilado y vive en Vitoria pero pasa los veranos allí y se entretiene haciendo las cucharas de madera para vender a los turistas que pasan. Le pregunto por La Infinita y nos dirige hacia la parte alta del pueblo. Allá que vamos.

Carmona

Reconozco la fachada con la bicicleta en la puerta y un gran aparador de madera pintada. ¡Qué ilusión!. Me asomo dentro y aparece Lucía. Están de zafarrancho de limpieza porque no llegan clientes hasta el viernes. Me presento y les cuento que venimos de Tenerife y que les sigo por las redes y me dice que le dé unos minutos para terminar de recoger y nos enseñan la casa.

En un momento regresa y aparece Fer y nos hacen un tour por la casa. Son súper amables y simpáticos. Se nota que no son de aquí, porque la gente local es amable pero no tan abierta. Nos cuentan que la casa les encontró a ellos. Vinieron de vacaciones a Cantabria, les gustó el pueblo y pensaron que sería un buen lugar para alquilar una casa para pasar el verano con amigos. Buscando casa encontraron esta que había sido una posada y, de repente, todo se alineó y decidieron liarse la manta a la cabeza, dejar sus vidas en Madrid y reinventarse como hoteleros, de eso ya han pasado tres temporadas. En ese momento yo ya daba saltitos de la emoción. ¡Con lo que me gusta a mí una reinvención!

La casa es preciosa y acogedora y la han decorado en tonos claros que hace que sea muy serena y que apetezca mucho estar allí. En la primera planta hay dos habitaciones dobles y arriba, en la buhardilla, dos suites. Una de ellas fue la que estuvimos a punto de reservar, pero al final cambiamos de planes. Será que tendremos que volver en otra ocasión. En la planta baja, un acogedor salón, el comedor donde se sirven los desayunos infinitos y, en la parte trasera, un hermoso jardín, que tantas veces había visto a través de sus fotos, con vistas a la iglesia y a las casas del pueblo.

Estamos muy a gusto hablando con ellos, pero tenemos que seguir nuestro camino y ellos el suyo. Hoy se van a la playa de Oyambre a disfrutar de sus dos únicos libres hasta septiembre. Salimos con la sonrisa puesta, damos una vuelta al pueblo y volvemos a pasar por la casa del señor de antes y le compramos una cuchara de palo de recuerdo. Nos encanta comprar en nuestro viajes objetos cotidianos que usemos habitualmente y nos recuerden nuestros viajes.

La Infinita Rural Boutique

Seguimos ruta. La carretera es muy bonita y no encontramos tráfico, por lo que conducir por allí es muy agradable. El paisaje va cambiando y entramos en el desfiladero de la Hermida, con sus carreteras con curvas y redes sobre la pared de la montaña para retener las piedras de los derrumbes. Es un poco sobrecogedor pero a la vez impresionante.

Finalmente, después de más de una hora de camino, llegamos a Potes, un pueblo con mucha historia y unos de los puntos más importantes para explorar la zona de los Picos de Europa y del Valle de Liébana. Hay mucha actividad en las calles, comercios, restaurantes… Si hubieramos llegado un lunes, habríamos podido disfrutar del mercado de productos locales, donde los lebraniegos intercambian sus cosechas. Llamamos a Elena, la dueña del apartamento donde nos vamos a alojar esta noche, El Nial de Potes , y vamos a dar con ella. El apartamento está muy bien situado, en el centro del pueblo y sobre el río. Nos da algunas indicaciones sobre cosas que ver y dónde comer y salimos a comer algo a Los Camachos, un bar de pueblo a unos pasos de la casa.

Potes

Descansamos un poco y seguimos camino hacia Fuente Dé, donde se encuentra el Parador y el teleférico, otro de los imprescindibles de este viaje. En cuatro minutos vuelas hasta una altura de 1823 metros de altitud. Las vistas desde arriba son sobrecogedoras. Una maravilla. Cuando subimos nos advierten de que el último teleférico baja a las 6 de la tarde. Son las 5 y cuarto y vemos que se va concentrando gente en la cola para bajar, la mayoría senderistas que han pasado el día haciendo rutas por los Picos de Europa. Nos miramos a los pies y vemos que con nuestras sandalias lo tendríamos complicado para bajar si perdiésemos el último viaje, así que decidimos hacer turnos en la cola para ir reconociendo los alrededores. El paisaje es de una belleza increíble y hemos tenido la suerte de coger un día despejado. Después de una hora de cola, y un poco de angustia por si nos quedábamos en tierra, bajamos con ganas de haber caminado un poco por la zona. Para la próxima (se nos acumula el trabajo).

Teleférico de Fuente Dé
Rozando el cielo. Picos de Europa

Nos dirigimos hacia Mogrovejo, una aldea que nos ha recomendado Elena. Un pueblo de casonas de piedra con una torre medieval, bosque y montañas al fondo, que recibió el reconocimiento de Mejor Pueblo de Cantabria en 2017. Al llegar vemos que hay un pequeño museo dedicado a la escuela rural. Entramos a verlo. Al salir vemos un cartel que recuerda que hace unos años se rodó aquí la película Heidi: the queen of mountains y este pueblo se convirtió la aldea de Pedro.

Mogrovejo

Como nos habíamos quedado con ganas de caminar un poco, subimos por el camino que bordea la torre medieval y seguimos el sendero. Por el camino, fotos y más fotos. El paisaje es muy bonito y hoy estamos juguetones con la cámara. Llegamos hasta una pradera en la que vemos los Picos de Europa de fondo. Es todo tan idílico.

Buscando a Heidi. Mogrovejo

Bajamos paseando al pueblo a tomarnos una sidruca a la salud de Pedro y Heidi. Mientras estamos allí conocemos a unos señores que son de la zona y nos recomiendan el Asador Llorente para cenar en Potes.

Vamos directos allí y conseguimos mesa. Es un asador muy bien puesto, de los de toda la vida. Nos decantamos por un chuletón y unas alcachofas con jamón (para compensar). La carne está deliciosa y tiernísima. En este viaje nos estamos luciendo con las cenas ligeras (ya volverán los tiempos de la tortilla francesa en casa). El precio es más saladito de lo que hemos pagado en otros lugares, pero lo vale.

Le compramos un helado a nuestra hija y decidimos bajar hasta el río para disfrutar de la noche, que está muy agradable y cálida. Por nuestras retinas pasan todas las imágenes de lugares preciosos que hemos visto hoy: Carmona, el desfiladero de la Hermida, los Picos de Europa, Mogrovejo… Demasiada belleza para tan poco tiempo.

Mañana abandonaremos las montañas e iremos hacia el mar.

El viaje terminará en los próximos días en este blog. Si no quieres perdértelo, suscríbete y así lo recibirás en tu carpeta de correo.

¡Gracias por acompañarnos!

11 comentarios sobre “Buscando el Norte: Cantabria (3)

  1. Enhorabuena porque, sinceramente es unos de los blogs más elegantes y mejor explicados que hemos encontrado sobre Cantabria!
    Mil gracias de todo corazón por hablar de nuestro alojamiento.

    Deseando recibiros pronto, te mando un abrazo enorme

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  2. Me guardo ” buscando el norte” , resulta verdaderamente atractivo.
    Patri, leyéndolo me traslado a Cantabria por arte de magia,
    no solo describes magnificamente vuestro viaje sino que además consigues despertar las ganas de visitarlo..
    Enhorabuena una vez más.
    Besitos para todos

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  3. A mí también me has traído muchos recuerdos de mi viaje a Cantabria. Potes es magnífico, aunque la carretera para llegar hasta él se nos hizo interminable. 🙂 Fotos preciosas. Por cierto, Fugitivo es precioso. Irene tiene muy buen gusto. Besitos.

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