Tiempo de ser

Desde hace meses me rondaba por la cabeza escribir acerca del ser y el hacer, pero no había conseguido ponerme a ello.

Estamos viviendo un tiempo extraordinario. Por primera vez en la historia, nuestro planeta ha dado al botón de pausa y la gran mayoría de la población mundial se ha visto abocada a dejar de producir y quedarse en casa para proteger la salud de todos. Nos hemos dado cuenta de nuestra vulnerabilidad y los gobiernos del mundo, por primera vez en la historia, han dado prioridad a la vida de las personas frente a las economías. Hemos dejado de hacer y no nos queda más remedio que ser.

Tiempos extraordinarios en los que tenemos que convivir con nuestras familias o con la soledad. Tiempos en los que nos damos de bruces con nuestra realidad, esa que evadimos siempre haciendo, ocupando nuestro tiempo. Tiempos reveladores en los que sale lo mejor y lo peor de cada uno.

Como les decía, llevo barruntando hace tiempo ese tema, el ser y el hacer. Yo he vivido casi toda mi vida en el hacer. Soy una persona de acción y me gusta mucho estar ocupada, lo que me hace estar desconectada de mí en muchos momentos.

El año pasado, gracias al viaje interior que emprendí, comencé a dedicarle tiempo a trabajar mi ser, a mirarme dentro y enfrentarme con mis luces y mis sombras. Gracias a este trabajo, el confinamiento me ha cogido con herramientas para afrontarlo. La verdad es que, salvo la inquietud de la primera semana, he vivido esta situación con mucha calma y positividad. Me ayuda muchísimo que en mi casa y en mi familia todos estén bien y sanos.

Pero sé que no es así para todo el mundo. Este confinamiento es una bomba de relojería en muchos hogares. Esta convivencia forzada hace que surjan muchas tensiones que pueden derivar en violencia. Ponerse ante el espejo y darse cuenta de que no te gusta lo que ves es difícil de digerir. Tampoco puedo dejar de pensar en tanta gente de los países del tercer mundo que viven tan al día. Ese es su horizonte vital. Sobrevivir un día más. Ellos sí que lo tienen difícil.

Perder a alguien sin poder despedirse de él, me desgarra el alma. También pienso en el miedo que se puede sentir ante unos síntomas y el temor de dar positivo. Y en la sensación de indefensión e impotencia de todo el personal sanitario, ante una situación que desborda todas las previsiones…

Es un tiempo complicado que hay que ir afrontando día a día.

Yo lo estoy viviendo así, día a día, dando gracias por todo lo que tenemos, por lo privilegiados que somos por tener una casa, por poder ir al supermercado a comprar comida cuando se nos acaba, por tener familia y amigos, tecnología que nos facilita la vida… No me atrevo a quejarme lo más mínimo. La cuarentena del primer mundo es un regalo. Un tiempo para poner en valor lo que tenemos, dentro y fuera de nosotros.

Curiosamente este año no escribí mis propósitos para el año, como hago siempre. Tal vez presentía en lo más profundo de mi ser que no era el momento de proyectar. Yo soy medio brujilla y mi intuición muchas veces me manda señales. Lo que sé es que comencé el año con poca claridad y que estos días excepcionales me la están dando para que vaya poniendo las piezas en su sitio.

Siento que se avecinan tiempos interesantes, de evolución. No vamos a proseguir nuestras vidas en el mismo punto en que las dejamos. No, porque nosotros habremos cambiado y el mundo que conocíamos habrá cambiado. Pero creo que no hay que tenerle miedo a los cambios. Yo confío en que de esta situación salgamos más conscientes y con más valores.

El otro día hablando en casa le preguntaba a mi marido y a mi hija que qué es lo que querían hacer cuando se acabe el encierro, qué echaban de menos. No salió de esa charla el viaje a Japón o comprar un coche nuevo, tan solo un baño en el mar, ir al cole, pasear por el monte, comer con los abuelos en la terraza… cosas sencillas a nuestro alcance. Las pequeñas cosas que nos hacen felices.

Esas pequeñas cosas que estamos descubriendo todos en estos días de confinamiento. Las que tenemos y las que ansiamos, poder abrazarnos, tomar un café, tumbarnos al sol en una playa…

De esta saldremos, con arañazos y cicatrices, pero se curarán antes si aprovechamos este tiempo en indagar en nosotros, reflexionar, nutrirnos, conocernos y aceptarnos. Si nos dedicamos a ser, podremos volver a hacer con sentido.

Y tú, ¿cómo afrontas la cuarentena?, ¿estás haciendo o siendo?, ¿en qué crees que esta situación te puede afectar positivamente?

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Y recuerda, ¡la vida es un viaje! Disfrutémosla cada día.

2 comentarios sobre “Tiempo de ser

  1. Patricia, esta reflexión me ha parecido exquisita en su totalidad.
    Los deseos pequeños y al alcance son ahora los más valorados y Japón que espere que ahora lo que tengo ganas es de volver al cole con mis amig@s o pasear por mi calle y saludar a mis vecinos.
    Me gusta como escribes, tu auténtica naturalidad y transmites fuerza y vitalidad.

    Me gusta

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