Presente contínuo

Comienza la desescalada y comenzamos poco a poco a retomar nuestras vidas. Ya va siendo hora, después de dos meses y medio metidos en casa.

Atrás van quedando los vinitos virtuales con las amigas, que tanto nos confortaron las tardes de los viernes o sábados. Las llamadas de video por whatsapp a cuatro para ver a la familia. Las clases de yoga on-line, los juegos de mesa en familia… Y ¿qué me dicen del horneado de bizcochos y panes? Cosa del pasado en dos días.

Según se van llenando los centros comerciales y las playas, los aplausos de las 7 se van diluyendo. Vamos dando pasos hacia la “nueva normalidad”. O lo que es lo mismo, aprender a convivir con el virus.

Aprender a normalizar nuestras vidas con una mascarilla como accesorio. Compartir espacios con los demás guardando las distancias. Acostumbrarnos a que la higiene de nuestras manos sea como el respirar. Preparar nuestras casas por si tenemos que volver a pasar tiempo en ellas. Rutinas que hemos tenido que incorporar a nuestras vidas y con las que hemos de convivir para seguir adelante. Porque no hay otro camino, hacia adelante es la única dirección.

Cambian las circunstancias, cambian los proyectos, cambian los enfoques, pero el mundo sigue girando y girando. Cambian las formas de trabajar, de consumir, pero el engranaje comienza a moverse de nuevo. En estos momentos se require más que nunca que sepamos adaptarnos al cambio. Ya no hay un futuro certero (en realidad nunca lo hubo, pero vivíamos en esa fantasía). Los cambios formarán parte de nuestra vida, abracémoslos.

La capacidad de adaptación a nuestro nuevo entorno va a ser crucial. Quién se quede paralizado por el miedo o haciendo las cosas como las hacía antes se quedará fuera de juego. Es hora de cambiar nuestra actitud, ser más flexibles y proactivos.

Ante las perspectivas económicas desoladoras hay que centrarse en aquello que protegimos con uñas y dientes durante estos dos meses: nuestra familia, nuestro círculo, nuestro entorno, es ahí donde podemos influir. De nada vale quedarse paralizado ante las cifras del paro y ante los grandes datos macroeconómicos. Es tiempo de acción. De no dejarse llevar por el desánimo.

Es hora de tomar las riendas de nuestra vida, de poner nuestra energía a trabajar para recuperarla poco a poco . Es tiempo de oportunidades. De salirse de la caja y pensar diferente. De buscar qué otras cosas sabes hacer bien. Qué nuevos productos o servicios necesita este nuevo cliente post COVID-19. De cómo puedes aportar más a tu empresa.

Es tiempo de valientes, de soñadores, de luchadores, de contorsionistas.

Haz que este presente sea tu tiempo. ¡Vamos! hacia adelante.

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¡Y no te olvides de dejarme un comentario para que sigamos aprendiendo junt@s!

Y recuerda, ¡la vida es un viaje! Disfrutémosla cada día.

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