Peinando canas

Últimamente me estoy encontrando de bruces con la mediana edad. Comenzó dando señales con una  presbicia prematura, luego una cana suelta cada tantos años, la gravedad comenzando a hacer de las suyas, las patas de gallo acentuándose, los niños llamándome Señora… La bajadita en toda regla.

Me miro al espejo y me digo para animarme: “pues no estás mal para la edad que tienes”. Así vista, con un efecto difusor fruto de mi presbicia, estoy estupenda. El problema viene cuando me pongo las gafas  y me veo bien.

Lo último ha sido el tema de las canas. Hasta hace dos días me vanagloriaba de tener cuatro canas. La primera, me salió hace más de diez años, fruto de algún disgusto en mi época de jefita. Hace un par de años, la elaboración de la guía Vive Cabo Verde me costó tres nuevas canas. Y hasta ahí iba todo bien, controlado.

Pero en las últimas semanas la cosa se ha empezado a poner morrocotuda. Cada día, cuando me miro al espejo (con gafas), descubro alguna nueva canita abriéndose paso en mi cabeza. En vez de alegrarme por ver un pelito nuevo que se abre camino, me quito las gafas y frunzo el ceño (lo que contribuye a aumentar mi arruga del entrecejo).

Me parece increíble que me esté convirtiendo en una mujer madurita. Yo que sigo sintiéndome como cuando tenía 20 años, llena de ilusión y energía, empiezo a no reconocerme en los reflejos que me devuelven los escaparates de las tiendas. Yo, que sigo vistiéndome como cuando tenía 20, no me resigno a  convertirme en una “Señora”. Es como si hubiera pasado de los 40 son los nuevos 20  a la pre-menopausia en un abrir y cerrar de ojos.

Me tiemblan las piernas al pensar que los sofocos están a la vuelta de la esquina y de ahí a la transparencia, un paso. Porque las mujeres nos volvemos transparentes a partir de cierta edad. Lo cual, la verdad sea dicha, debe de ser también una liberación. No creo que eche de menos los piropos de los obreros (que ya no son como los de antes, ¡dónde va a parar!), que un hombre se gire al pasar o te haga una radiografía al verte (hace años que ya no me pasa). Creo que podré vivir sin ello. Con no ser transparente para la persona a la que quiero, me conformo.

Pero cuando no me miro al espejo la verdad es que siento que el paso del tiempo está jugando a mi favor. Me gusto más ahora que antes. Los años me han dado experiencia, más paciencia, más consciencia, más seguridad…

Aspiro a convertirme en una madurita interesante (¡cuando toque, no tengo prisa!, ¡eh! ). Me gustaría ganar en calma y serenidad. Sentirme plena con mi vida. Mantenerme activa física y mentalmente. Seguir cultivando la curiosidad, aprendiendo y descubriendo lugares nuevos. En definitiva, alimentando el alma.

Y llegar con los años a convertirme en una abuelita de pelo blanco con mi cámara al cuello para fotografiar a mis nietos, con la capacidad de disfrute intacta y los vaqueros puestos.  Y reconocerme, al mirarme al espejo, en cada arruga, cada mancha, cada cicatriz, cada cana. En cada uno de los arañazos que haya dejado la vida en mí, porque eso significará que habré vivido una vida larga y plena.

5 comentarios sobre “Peinando canas

  1. Ja ja ja ja!!! me ha encantado. Yo creo que en mis 40 he vuelto a mis 30: con experiencia, con energía, permitiendome ser y disfrutando más que nunca. Cachis , que te escribo desde el ordenador y no puedo poner el emoji de las cañas. Pero… chin-chin

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